Es éste un concepto que se aplica en economía y que alude a las situaciones en las que un individuo actúa pensando que no está expuesto a las consecuencias de sus acciones. Existen diversos ejemplos aplicables a estas situaciones pero hay uno que me llama la atención, esgrimido por las entidades financieras americanas una vez fueron reflotadas con el dinero de los contribuyentes.
Cuando la imposibilidad de hacer frente a sus hipotecas ahogaba a muchos norteamericanos (esto nos suena aquí en demasía), se planteó la posibilid llevar a cabo quitas en la deuda hipotecaria, es decir, reducirla, del mismo modo que se hace con países (como Grecia, en estos momentos) o con las empresas que entran en aplicación de la Ley Concursal, a las que sus acreedores condonan parte de la deuda con la esperanza de cobrar el resto frente al riesgo de no cobrar nada.
Se esgrimió en aquel momento el concepto de riesgo moral: ¿qué pensarían aquellos que pagan sus deudas hipotecarias íntegramente? Señalaban que dejarían de pagar para atenerse al mismo sistema y eso pondría en crisis a las entidades financieras.
Sin entrar a valorar en este momento ese razonamiento, está bien que sepamos que esto lo decían los mismos que no habían asumido ningún riesgo moral, invirtiendo dinero de mucha gente, no el suyo, en productos financieros tóxicos y sin asumir ninguna responsabilidad por las pérdidas y quiebras generadas por su comportamiento. Es una particular ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho también.
Y ahora el Gobierno conservador de Rajoy nos plantea otra medida que es otro nefasto ejemplo de cómo algunos ricos no asumen riesgo moral alguno. El Gobierno plantea una amnistía fiscal para aquellos que han defraudado con anterioridad (aquí no están los asalariados, estos difícilmente pueden escaparse del pago de impuestos): pagar una irrisoria cuota a cambio de aflorar lo defraudado, obtener el perdón y, casi con toda seguridad, el anonimato. En lugar de perseguir el fraude, se premia con un menor tipo impositivo y se perdonan las sanciones. Un bonito ejemplo para futuros defraudadores y un estímulo a los inspectores fiscales para que no se molesten mucho en buscar lo defraudado.
Y esto se hace sabiendo que la mayoría no podremos acogernos a esa amnistía fiscal, fundamentalmente porque los asalariados tienen difícil defraudar y, en caso de impago, se verían perseguidos por sanciones tributarias además de verse obligados al pago de impuestos con recargos.
Estos son los intereses que defiende el Gobierno conservador español que, en poco más de cuatro meses, ha tomado un sinfín de medidas de tipo ideológico con la excusa de la crisis, medidas que penalizan a los asalariados y pequeños autónomos y que no harán cosquillas a quienes no necesitan de lo público para tener una buena calidad de vida.
